Internet y Negocios
El popular servicio de mensajería instantánea en internet WhatsApp, propiedad de Facebook, con mil millones de usuarios en el mundo, ha ampliado a todos sus usuarios y servicios el cifrado “extremo a extremo” en sus comunicaciones, que hasta ahora funcionaba en “chats” individuales para mensajes de texto. Esta tecnología, que garantiza automáticamente que solo el emisor y el receptor de la conversación puedan leer lo enviado y nadie más, ni siquiera WhatsApp, se aplica ahora en conversaciones grupales, llamadas y archivos compartidos. Los mensajes llevan una especie de “candado” del que sólo los sujetos involucrados en la comunicación tienen su código o llave para abrirlo, explica la empresa en un comunicado. Este movimiento de WhatsApp era previsible dada la fuerte presión en el negocio ante la pujanza de plataformas similares de telecomunicaciones más seguras, como Telegram. Más allá del conflicto privacidad-seguridad de este suceso, con efectos de dimensiones mundiales, y una vez demostrado que el FBI ha ganado el pulso a Apple tras desbloquear el móvil de la discordia sin su ayuda, el debate que parece surgir ahora es si las tecnológicas son garantes realmente de la seguridad de la que presumen. El mensaje lanzado “al mundo entero” por el FBI es “la debilidad de los mecanismos de seguridad de la empresa de la manzana”, precisa Enrique Fojón, subdirector de Thiber, en el informe de abril sobre ciberseguridad del Real Instituto Elcano, recién publicado.
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